LA POBREZA NO ES UN «TROFEO»

Por Arturo Mingolo


Es crucial reconocer que la pobreza es multifactorial. Incluye elementos de falta de oportunidad (el origen), sucesos inesperados (la mala suerte), y factores individuales (la inacción o la ignorancia). No obstante, también hay barreras sistémicas que hacen que la movilidad social sea extremadamente difícil, incluso para quienes se esfuerzan incansablemente. Estas barreras, sumadas a la falta de herramientas cognitivas y educativas, pueden generar una sensación de desesperanza que se asemeja a la «pereza» o la «inutilidad» a los ojos externos, pero que en realidad es la manifestación de la indefensión aprendida, adquirida y desde muchos estamentos fomentada por la mayoría desde los orígenes políticos partidarios, apuntando a la proliferación del “hombre masa”, ya que este está definido como un individuo que se diluye en la multitud, renuncia a su individualidad y busca la comodidad y la igualdad absoluta, careciendo de un proyecto personal. Este tipo de persona se caracteriza por no valorarse a sí mismo por méritos propios, sino que se siente parte de la masa sin angustia, vive en el presente sin historia personal y cree tener derechos sin asumir obligaciones.
El punto más relevante es la pobreza mental. Si la pobreza material ata los bolsillos, la pobreza mental ata la voluntad, la visión de futuro y la capacidad de concebir un camino diferente. Esta es la más difícil de combatir porque requiere un cambio interno profundo y, a menudo, ayuda externa para romper con los patrones de pensamiento limitante.
Ya lo decía en sus versos José Larralde cantautor argentino cuando expresaba “…calienta el leño por prodigiosa sustancia, pero más calienta la ignorancia producida por los genios…”
Pero si bien la pobreza no es un «trofeo», como titula este escrito tampoco puede reducirse únicamente a una falla moral individual sin considerar la acción de los distintos gobiernos radicales, peronistas, militares que han perpetuado con fórmulas liberales, populistas, conservadoras y otras yerbas, que solo han sumido a los argentinos en un contexto de pobreza, ignorancia y anomia, con la corrupción como factor común de todos los gobiernos, a excepción según este escriba del Dr. Arturo Illia.
No se puede permanecer indiferente a esta difícil realidad y dejar librado a los mercados los cambios tal tal cual lo sostienen los que abrazan el anarcapatitalismo o a la lisonja disfrazada de ayuda del populismo, ya que amerita la solidaridad social , económica, política a traves de una revolución educativa, pero estos cambios no se logran agitando banderas y proclamas de parte de quienes se consideran dirigentes, hasta ahora solo han demostrado ser meros generadores y administradores de la miseria sin mostrar un esfuerzo ni por revertirla, por el contrario la mayoría han llenado y se siguen llenando sus bolsillos, invocando remanidas e inútiles consignas que justamente solo hacen impacto, en el hombre masa que han sabido consolidar a través de décadas.

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